Cómo ser un buen maestro

La docencia es, sin lugar a duda, una de las profesiones más admirables de todas. Ser un profesional de la educación es una responsabilidad que se equipara casi a la de ser padre. Un profesor no sólo comparte conocimiento, también debería enseñar al bien vivir, por eso te preguntarás ¿cómo ser un buen profesor? 

No basta que te prepares con años y años de estudio, la docencia, así como la medicina, la abogacía o cualquier otra profesión, es una actividad que requiere sensibilización pues se trata de una labor social que jugará un papel importante en la vida de otras personas. Lo que digas y compartas puede quedarse impreso en la memoria de tus alumnos para la eternidad.

Ahora bien, si eres profesor seguramente has identificado cientos de retos que obstaculizan tu profesión, de ellos hablaremos más adelante. Pero primero piensa: supongamos que vas al doctor porque estás enfermo. Después del tratamiento sigues igual ¿dirías que has ido con un buen médico?

Peor aún. Supongamos que ese tratamiento que te propuso el doctor es el mismo que tú hubieras elegido para automedicarte: ¿fuiste con el médico adecuado? Así vale para los profesores. Si un alumno tuyo se va igual a como llegó ¿eres un buen profesor? Y, además, si ese alumno puede obtener conocimiento por otros medios ¿en dónde queda tu labor?

Aunque puede haber obstáculos como modelos educativos obsoletos, colegas que consideran que sólo su conocimiento es válido, alumnos que no quieren asistir a clases y que además te ven como un tirano, y padres que piden mil explicaciones cuando sus hijos reprueban; estos problemas no te condicionan a ser un mal profesor. 

Por el contrario, puedes empezar a evitar estos problemas en tanto te capacitas de forma constante para ser el mejor. Por eso, a lo largo de nuestro artículo te compartimos algunos consejos y buenas prácticas para que seas un gran profesor, de esos que dejan huella en los alumnos y que marcan a más de uno con sus enseñanzas, ya sean de vida o de algún tema escolar.

Otra cosa que es importante tener presente, es que hay docentes cuya capacidad está medida en su nivel de “santidad y martirio”. Nos referimos a aquellos profesores que han logrado mantenerse por años en su puesto soportando a malos alumnos, malos padres de familia, malos planes escolares, pero sin esforzarse por mejorar.

Suena cruel decirlo, pero estos maestros “mártires” en realidad son reemplazables pues su trabajo es reemplazable por una persona que además de capacidad, pueda demostrar voluntad y creatividad para incrementar el nivel educativo del alumnado. Antes de convertirte en mártir, considera prepararte y mejorar, eso que nunca está de más.

El mejor profesor

 

Motiva a tus alumnos

Para motivar a los alumnos no existen fórmulas mágicas. Puede que los temas de tu clase sean los más interesantes pero, recuerda que no a todos les encantan las matemáticas o el español. En ese sentido lo más importante es que tus alumnos puedan reconocer la aplicación del conocimiento que les transmites en la vida diaria.

No es sencillo conseguirlo, pero al estar todos los días con tus alumnos, al menos por un año, aprendes a conocerlos de forma extensa: su nivel educativo, fortalezas, debilidades e intereses. Por eso, a la hora de motivar es más fácil hacer el conocimiento incluso a la medida de casa estudiante. No se trata de memorizar conceptos sino de aprenderlos y aplicarlos.

Déjalos aprender

De acuerdo con algunos manuales de pedagogía y técnicas de estudio, lo más recomendable es aprenderse el concepto pero, ¿en qué medida esto sigue siendo funcional? En la actualidad, nuevas tecnologías, internet y las referencias de los alumnos mismos facilitan esta labor. Además, es importante no pretender transmitir el conocimiento de toda una vida en pocas horas. Por eso hay que tener en cuenta los niveles de especialización. 

La idea es que un buen profesor, en realidad, sólo sienta las bases para que sus alumnos aprendan: dan las pautas para que tengan un concepto en mente y de poco en poco lo vayan aprendiendo. Gracias a la innovación educativa en la actualidad es posible personalizar cada vez más ese conocimiento. 

Aprender consiste en conocer, entender, analizar, cuestionar y aplicar un concepto de forma que resulte útil. Y aunque no lo parezca o existan disciplinas que no estén consideradas como poco útiles (como las ciencias sociales y las humanidades), enséñale a tus alumnos lo importantes que son.

Ponlos a trabajar

Un buen profesor le muestra a sus alumnos qué pueden hacer con lo que están aprendiendo. Hacen que se les ocurra qué es lo mejor para aplicar un concepto. Por ejemplo, a muy pocas personas les gustan las matemáticas que de por sí, son complicadas por su nivel de abstracción. La objeción principal sería, ¿esto de qué me sirve?

Claramente, un mal profesor de matemáticas no puede mostrar a sus alumnos para qué sirven los números. A mucha gente no le explican que las matemáticas sirven para construir un puente, una casa o máquinas como computadoras y celulares, y por eso, acaban por creer que las matemáticas son sólo para hacer cuentas a la hora de ir al mercado.

Recuerda que aunque creas que posees todo el conocimiento del mundo y no quieras compartirlo, tu obligación como profesor es justamente esa. No dejes a tus alumnos desamparados y sin un buen nivel educativo que no los va a llevar a superarse. Puedes organizar ejercicios continuos de aplicación y desarrollo de conceptos.

No tengas favoritos

Puede que algún alumno destaque sobre los otros, ya sea porque es más inteligente y tiene una mejor absorción del conocimiento que los otros, o simplemente porque te gusta su actitud con el mundo. Aún así, no tengas favoritos. Esto generará rencillas entre tus alumnos pues se medirán con otros compañeros y no consigo mismos.

Claro que puedes reconocer a los alumnos que tengan un mejor desempeño, pero esto no significa que minimices el esfuerzo de los otros. ¿Has pensado que al alumno favorito seguramente lo molestan por la posición que le has dado? En pocas palabras, todos tus alumnos deben ser tratados por igual, pues todos tienen las mismas posibilidades de sobresalir. 

No importa si Fulanito es bueno en matemáticas y Sutanito es bueno en español, mientras que Perenganito es malo para todo. Al final del día, lo que importa sería que ese Perenganito llegara a ser tan bueno como Fulanito y Sutanito, y eso sólo puedes lograrlo tú con la motivación y un trato igualitario.

Promueve un ambiente de respeto

Dentro y fuera del aula el respeto es esencial en la vida de todas las personas. Respeto no es otra cosa que no perjudicar al otro y permitirle mantener su propio espacio dándole un lugar en el mundo. Todos merecemos respeto y en como profesor, debes hacer lo propio con tus alumnos, sus padres, tus colegas y hacia ti mismo. 

Recuerda que eres un modelo a seguir para tus alumnos y que estás siendo observado constantemente por ellos: cómo actúas, cómo hablas, cómo te mueves y cómo respondes. No es que lo estén haciendo por juzgarte, sino más bien para aprender lo mejor de ti, incluso en ese sentido. El respeto también se pone en práctica y se aprende en la escuela.

Recuerda promover un ambiente en el que se respeten todas las diferencias de forma que no haya acoso escolar. No permitas que a un alumno le llamen “cuatro ojos” porque usa gafas, o que a una alumna le digan “ballena” porque está gordita. El acoso, se castiga aunque no debes ser autoritario. 

Sé coherente 

No hay peor profesor que el que no predica con el ejemplo. Anteriormente, decíamos que el acoso se sanciona pero, cuando tienes favoritos, lo promueves. Por eso, un buen profesor es aquel que es coherente con sus acciones y decisiones. Supongamos que prohíbes comer chicle en la clase pero después de todo, tú haces lo mismo. ¡Qué molesto sería para tus alumnos!

Ser incoherente es el equivalente a que le pidas a tus alumnos que no reprueben cuando eres de esos profesores tan malos que, de ser calificados, reprobarías. Recuerda que el buen profesor no es el mártir ni el autoritario, sino aquel que se muestra empático, sensible, tolerante, respetuoso, interesado, escucha, responsable y humilde.

Por último, recuerda que un buen profesor sabe de sus derechos y obligaciones, recuerda que tienes un compromiso contigo y también, con tus alumnos. Ser el mejor consiste justamente en tener consciencia de la posición que tienes como transmisor de conocimiento, pero a la vez, como ser humano. ¡Sé siempre el mejor!

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