Cómo diferenciar una deuda “buena” de una “mala”

Seguramente más de una vez has pensado que estás muy endeudado, al grado de decir que tú estás lo que le sigue a la deuda: endrogado. Pero, ¿realmente es así? Algo que seguramente no te habías puesto a pensar es que existen distintos tipos de deuda y que cada una tiene características propias.

Suena raro ¿no? ¿Cómo va a haber deuda buena y deuda mala? El simple hecho de escuchar la palabra a muchos nos pone los pelos de punta. Cuando las cosas se ponen peor, hasta empezamos a decir que estamos en la banca rota pero, no tiene que ser así. Piensa por un momento qué has adquirido con tus deudas.

Seguramente parte de tu deuda está destinada al pago de un activo que te resulta rentable, por ejemplo, una casa pero, si tu deuda está más bien destinada al pago de cosas que no son indispensables entonces ¿por qué la sigues pagando? Claro que para poder continuar sería importante que definamos de qué se trata la deuda. 

La deuda no es otra cosa que la obligación que contrae la persona que pide algo prestado y, según la condición pactada, debe reintegrar a quien se lo prestó.

En este caso, el que pidió es el deudor mientras que el que prestó es el acreedor. La deuda en sí no es la cantidad prestada ni lo que se debe, pero al final ambos elementos integran nuestra “deuda”.

Por ejemplo, en un préstamo bancario el que pide el dinero es el deudor mientras que el banco que presta es el acreedor, la cantidad es el importe del préstamo o el capital, el plazo y el tipo de interés son las condiciones del préstamo, y la deuda no es otra cosa que devolver el capital en el plazo pactado y con el tipo de interés fijado. 

Ojo: la cantidad adeudada ya no es la que se pidió inicialmente sino la suma del capital solicitado más los intereses que correspondan. Así que, aunque suene crudo, si has pedido un préstamo o tenido una tarjeta de crédito has adquirido un compromiso que implica una deuda consigo.

Pero, supongamos que está todo en orden. Pagas tus cuentas a tiempo, y tu nivel de deuda es sano y óptimo. Si es así no tienes nada de qué preocuparte pero, te sorprendería saber el número de personas que hay cuya meta principal es acabar con sus deudas o por lo menos, ya no endeudarse más. 

Es más: hay personas que contratan otra deuda para deshacerse de una u otras que ponen cuotas más bajas y a plazos mucho más largos pero, sin saberlo, con más intereses.

Es así que el crédito se ha convertido en la forma en la que adquirimos la mayor parte de nuestros bienes, pero ¿cómo saber si esto es del todo sano?

A lo largo del siguiente artículo propondremos una lista de aquellas cosas que pueden considerarse como una deuda buena y una mala. En realidad, ninguna es mala en sí, pero es cierto que hay algunas que pueden acarrear cientos de problemas si no te comprometes a liquidar.

La deuda mala

Una de las grandes ventajas del crédito es que permiten la adquisición de productos que sería muy difícil pagar de un golpe, por ejemplo, un refrigerador o una lavadora. No obstante, es muy sencillo caer en la deuda de un momento a otro cuando empezamos a adquirir productos con nuestra tarjeta de crédito. 

La tentación está presente por todos lados: rebajas por aquí y por allá, meses sin intereses en la compra de productos que no necesitas y gastos superfluos que al final, acaban por ganarle a nuestra capacidad de pago. La deuda mala no es otra cosa que aquella que pagamos a fondo perdido porque después de todo no hay de dónde recuperarla.

Generalmente esta deuda financia consumo puro y muchos analistas la indican como la deuda de las personas pobres, aquellas que generalmente intentan financiar un estilo de vida que no les pertenece pues compran sólo la apariencia de la riqueza.

Además, esta deuda se ubica como la más cara del mundo pues, una vez consumada compromete los ingresos del futuro. Por si fuera poco, la deuda mala es aquella que no produce beneficios económicos para ti sino sólo pérdida.

La respuesta es obvia: el banco se está haciendo rico con lo que pagas de intereses y aunque en parte ese sea el negocio, solo porque quisiste tener algo rápido ahora vives pagando una deuda que tú mismo creaste.

Otra característica de las deudas malas es que necesitas una gran cantidad de dinero para poder cancelarlas. De esta manera, la deuda mala incluye las cosas que no necesitamos o que no debemos permitirnos en algún momento.

Por ejemplo, supongamos que ves un televisor de 60 pulgadas en rebajas y a meses. Tú tele actual funciona bien y es un poco más pequeña ¿tomas la oferta nueva?

Si tu respuesta fue sí, lo más seguro es que seas una de esas personas a las que les gusta adquirir “deuda mala”. Más adelante veremos algunas claves para evitar este tipo de problema, pero por lo pronto revisemos de qué se trata una deuda buena.

La deuda buena

Ahora que sabes que comprar cosas sin  control o sin cuidado, seguramente te sientes limitado y piensas en para qué sirve tu dinero si al final no puedes gastarlo en lo que tú quieras.

La buena noticia es que existe la “deuda buena”. Imagínate: si en términos generales tiene sentido endeudarse para la adquisición de bienes y servicios ¿cómo saber que vale la pena?

Lo importante es averiguar qué es lo que vamos a obtener a cambio de la deuda, y no es solo un televisor. Una deuda buena incrementa su valor con el paso del tiempo de forma que en el futuro el bien adquirido vale más que el precio que tenía inicialmente, por ejemplo, un inmueble.

Además, la deuda buena puede generar ingresos o reducir gastos por el concepto de importes que superan los costes de la deuda. ¿A qué nos referimos?

Hay cientos de cosas que se pueden comprar y a las cuales podemos sacarles provecho, como un automóvil, una casa o departamento, la educación de nuestros hijos o la apertura de un negocio. 

Las deudas buenas se pagan solas, son llamadas de inversión y proporcionan dinero mediante el impulso de otras empresas. Por ejemplo, si compras un departamento y lo pones en renta puedes obtener recursos que pueden ayudarte a liquidar la hipoteca del banco, y además, darte una ganancia significativa. 

Por si fuera poco, la deuda buena beneficia a las dos partes contrayentes: el banco recibe sus intereses y la persona que adquirió la deuda “apalanca” para hacer crecer su capital. Así que, ahora que sabes de qué se trata la deuda buena ¿por qué no empezar a utilizarla en tu beneficio?

Recuerda siempre liquidar tus compromisos a tiempo, y si tienes pensado un negocio, plantéate la opción de adquirir un crédito para que puedas iniciarlo a la vez que se la deuda se va pagando sola.

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