Adiós deudas con crédito para maestros

Hace un par de años, en los días previos a la Navidad, la fiesta y los preparativos para celebrar aquellos días en los que nos reunimos con la familia me ocasionaron un grave problema económico del cual aún no me puedo reponer.

Además, ya sabemos que esta es una de las épocas más emotivas para los niños, por lo cual, los regalos no podían faltar aunque los bolsillos estuvieran vacíos.

Así fue como un crédito para maestros resultó una gran opción para mi ante esta situación. 

Así comenzó aquella época desde la cual mis finanzas han sufrido un duro golpe, financieramente hablando. Terminaba el mes de noviembre y mis hijos ya estaban muy emocionados por hacer su carta a Santa Claus.

Tengo dos hijos pequeños, el mayor de 8 años y el menor de 5. Ambos esperan ansiosos la mañana en la que se puedan despertar y abrir sus regalos al pie del árbol.

Esto era algo con lo que no podía fallar, pero sumado a eso, también venían los gastos derivados de la cena y además, los pagos que se debían hacer al inicio de año, claro, contando los incrementos a los precios y a los servicios que año con año ocurren. 

Un buen día, mientras estábamos en el supermercado, me ofrecieron una tarjeta de crédito con beneficios dentro de la misma tienda departamental y algunas otras participantes.

La verdad es que sonaba todo muy bonito.

Me dijeron que no tenía costos de anualidad y los intereses eran muy bajos, además, también me ofrecieron cierto porcentaje de vuelta en cada una de mis compras, por lo cual, yo pensaba que también podría ahorrar un poco de dinero. La tarjeta era maravillosa y las fechas que se acercaban lo pedían.

Además de poder comprar más cosas tenía la oportunidad de ahorrar. Por ejemplo, en los juguetes de los niños que cada vez son más caros, quizá además de comprarles lo que ellos pedían iba a poder regalarles una cosa extra.

Así la sorpresa sería doble.

En ese momento comencé el trámite pues sólo me solicitaban una identificación. Se me hizo muy sencillo aceptar y comenzar en ese mismo momento.

El trámite terminó y me entregaron mi tarjeta la cual podía comenzar a utilizar desde esa misma visita a la tienda.

Aunque ya la tenía en mis manos, no quise hacerlo sino hasta diciembre y conforme fueran llegando las compras del mes.

Fue así como sin saberlo, en un mismo mes adquirí todas las deudas que pude haber tenido en mi vida.

Los juguetes electrónicos, la bicicleta, el pavo, la despensa y todos los adornos para navidad, también aproveché para hacer algunas modificaciones en la casa y comprar una vajilla para recibir a las visitas el día de la cena.

Me di el lujo de gastar dinero como si el mundo se fuera a acabar o peor aún, como si la tarjeta me hubiera dado dinero extra.

Claro, en el momento no me di cuenta.

No era una experta en finanzas y nunca había tenido una tarjeta de crédito.

Fue hasta después cuando llegó el estado de cuenta que noté la cantidad de dinero que debía.

No nada más se trataba de lo que había gastado, también eran los intereses acumulados por cada una de las compras, los cuales no eran poquita cosa.

La verdad es que cuando llegó ese recibo a mi casa yo quería llorar. Mi sueldo de maestra no me iba a alcanzar ni siquiera para pagar el mínimo de cada mes.

Además de esas deudas, tenía que pagar los gastos de los niños, la escuela, los servicios de la casa y todos los gastos que de esto se derivan.

Sonaba a locura y claro, mientras no pagara ni siquiera el mínimo, la cuenta iba creciendo más y más.

Claro, pasaron los meses y yo seguía sin poder saldar la deuda.

Para no hacerles el cuento muy largo, la deuda creciente duró conmigo año y medio. 18 meses durante los cuales yo sólo me sentía trabajar para pagar una tarjeta que tomé sin saber.

No puedo decir que me engañaron porque en realidad fue mi culpa, fue una de esas decisiones que se toman con la emoción, sin pensar en las consecuencias.

Una de mis vecinas de la colonia es trabajadora de gobierno al igual que yo, sólo que ella es empleada de una dependencia gubernamental y yo soy maestra de educación pública.

Mi vecina me contó que un día tuvo una deuda muy grande con un hospital pues una de sus hijas había tenido un accidente y necesitó operación urgente.

De esa forma fue como conoció a Credifiel, una institución crediticia que le permitió obtener un crédito vía nómina.

Pero yo lo que necesitaba era un crédito para maestros.

De cualquier forma lo intenté y me acerqué a ellos para preguntar por las opciones que tenían.

Efectivamente me dijeron que por ser trabajadora de gobierno podían darme un préstamo para maestros el cual podía pagar a través de mi nómina y de esa manera los intereses se iban a reducir.

El préstamo de dinero fue muy rápido.

Desde que hice la solicitud hasta que me entregaron el dinero pasaron muy pocas horas.

Esto fue maravilloso pues después de que mi deuda creciera por 18 meses, lo único que necesitaba era pagarla lo antes posible. Y bueno, fue así como al fin pude saldar mi cuenta, gracias al crédito para maestros que Credifiel me hizo.

Si bien después tenía que saldar mi cuenta con ellos, esto era mucho más accesible que meterse con el banco o con una tienda departamental que quiere cobrarte intereses por cualquier motivo.

Y tú, ¿Cuáles son tus deudas más grandes? No dejes que nada te quite el sueño. Mejor asesórate con Credifiel y deja que ellos te ayuden.

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